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miércoles, 4 de abril de 2012

Abre los ojos...

No, no se trata de un análisis sobre la película de Aménabar. Es un consejo obvio pero, al mismo tiempo, imprescindible.

Habiendo acabado mi segundo curso intensivo de alemán de lo que me he dado cuenta (al margen del hecho de que se complican una barbaridad con el dativo, el genitivo, el acusativo y demás... que a todo el que haya estudiado algo de alemán le sonarán...) es de que con los sentidos despiertos se avanza mucho más rápido.

Y es normal. Si se piensa, la ciudad entera es una gran escuela. Sus calles, los letreros, las conversaciones de gente ajena, las tiendas... Todo se puede convertir en un ejercicio a mínimo que tengamos curiosidad. Y, claro está, se aprende de manera más natural a decir una palabra cuando estás viendo, en ese preciso instante, al objeto al que se refiere.

Tan simple, como que si vas a comprar salchichas por aquí verás un cartel con la palabra 'Wurst'. La primera vez se te puede pasar pero sólo con verlo alguna vez más lo almacenarás en tu memoria de manera casi inconsciente.

Precisamente, durante el segundo curso intensivo dimos una lección sobre los establecimientos en una ciudad: correos, pastelería, banco... Todos teníamos vocubulario sin haberlo estudiado. Lógico, vivimos con todo eso a nuestro alrededor.

Los cursos intensivos son más que recomendables cuando se desconoce un idioma pero no hay que dejar de apreciar lo que la propia ciudad extranjera te ofrece. Al final, la suma da sus resultados.

viernes, 2 de marzo de 2012

Primer curso intensivo: finalizado

Como me vine a Alemania sin saber el idioma, me pareció una buena idea apuntarme a un curso intensivo. Sólo ha sido el comienzo, pues voy a continuar, (en un mes se aprende lo básico) pero la experiencia merece la pena.

No sólo por el aprendizaje en sí, sino porque te desenvuelves en tareas cotidianas con gente que no conoces y que acaban convirtiéndose en amigos. Como cada uno venimos de un lugar distinto se dan situaciones de lo más interesantes y, cómo no, conversaciones de lo más curiosas en las que cada cual se expresa como puede. Y es que es cierto: "Querer es poder." Como todos queremos entender y ser entendidos al final la comunicación fluye.

Tras este primer mes puedo decir que lo que más me llama la atención de este idioma (además de los ya conocidos dativos, nominativos, acusativos... que nos traen a todos los extranjeros de cabeza) es la capacidad que tienen para ser de lo más específicos.

Ellos no se conforman con denominar las cosas sino que puntualizan exactamente a qué o quién se refieren y para ello lo que hacen es unir palabras. De tal manera que si una palabra te parece larga, cuando acabas juntando tres, cuatro o cinco te resulta casi imposible de pronunciar. Pero se acaba cogiendo el truco.

Una experiencia más que recomendable, sin duda.

El próximo mes más. Ya estoy ansiosa.